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Análisis 13 enero 2020 - 23:53 CET

Wattam

Keita Takahashi regresa con una propuesta tan creativa y colorida como sus obras anteriores, aunque menos efectiva

  • PS
  • PC
Fabio Díaz
  • Desarrollador: Funomena
  • Editor: Annapurna Interactive
  • Lanzamiento: 17 diciembre 2019

Wattam es un título enfocado en hacer nuevas amistades, en la convivencia y en descubrir el poder de la colaboración. También es un juego donde deben hacerse varias actividades excéntricas, como hacer estallar a varios personajes continuamente con un sombrero mágico, o convertir una fruta en un caricaturesco excremento como resultado de alimentar a una boca incorpórea deambulante. Esa oración puede no tener mucho sentido por sí sola, pero en el contexto del juego, es perfectamente normal.

Esta colorida experiencia es la creación de Keita Takahashi, quien consiguió renombre como creador de Katamari Damacy tras su lanzamiento en 2004. El título se ha convertido en un juego de culto, reconocido por su originalidad, música y divertida simplicidad. El juego impulsó una serie que hoy cuenta con diez títulos repartidos entre secuelas, compilaciones y spin-offs, aunque Takahashi solo estuvo involucrado en la primera secuela, We Love Katamari (2005).

Las comparaciones con su primera creación son inevitables, y es que Wattam se siente como la secuela espiritual de Katamari Damacy por varias razones. Primero, cuenta con la misma estética «kawaii», propia de caricaturas japonesas destinadas a ser tiernas y adorables. También tienen premisas similares que involucran la reconstrucción de algo que ha sido destruido o perdido. Más importante aún, ambos cuentan con el mismo tono absurdo, excéntrico y aleatorio que ha definido a Takahashi a lo largo de su carrera.

Todo y después nada

Bajo toda la locura visual, Wattam tiene un delgado hilo narrativo que da al menos algo de sentido a los hechos que transcurren. La explicación es breve y vaga: en el mundo antes existía todo, y de repente, todo desapareció. Qué pasó exactamente es un misterio: nadie lo recuerda, pero tu trabajo es hacer que todo vuelva a la normalidad y descubrir qué ocurrió en el proceso. Para ello, tendrás que recurrir a un grupo de personajes, todos ellos controlables, que deberán trabajar juntos para conseguir nuevos aliados.

El juego se desarrolla principalmente en cuatro áreas o superficies pequeñas, cada una representando una estación. La historia empieza en la plataforma de primavera y el jugador debe desbloquear las siguientes tres para avanzar. Afortunadamente, tan solo en los primeros segundos otros personajes comienzan a acompañarle. Primero, una roca, luego otra roca más pequeña, y eventualmente tu grupo estará conformado por varios tipos de árboles, un globo, un libro, una almohada que hace dormir a los demás, varios tipos de sushi, una nariz, un ventilador e incluso excrementos de varios colores que hacen vomitar a quienes se acerquen (sí, has leído bien). Puedes tomar el control solo de uno a la vez, o dos si optas por jugar en cooperativo local, modo que es ligeramente superior, pero solo por el simple hecho de compartir la experiencia. El juego no ofrece desafíos interesantes para el multijugador más allá de la posibilidad de agilizar las tareas.

Los personajes que no están siendo controlados siguen deambulando por el resto del escenario. Puedes tomar posesión de cualquier personaje de inmediato con el puntero del joystick derecho del mando, y aunque en algunas instancias es necesario usar personajes específicos debido a sus habilidades únicas, en otras partes puedes avanzar usando al que más te guste (aunque el alcalde sigue siendo lo más parecido a un protagonista principal). El elenco de personajes no es infinito, pero la variedad de objetos que lo conforman al menos da esa impresión.

Menos variada es la forma en la que Wattam progresa en su historia de unas tres horas de duración. Las acciones únicas de los personajes tiene que ver sobre todo con interactuar entre ellos mismos: el alcalde puede mandar a volar a los que estén a su alrededor con la ayuda de su sombrero; los árboles pueden tragar a otros personajes y convertirlos en frutas, que a su vez pueden ser consumidas. Cuando algunos personajes lloran, sus lágrimas pueden convertir una simple semilla en un árbol, y el ventilador puede mandar a volar a quien sea. Wattam es secretamente un sistema de juegos e interacciones entre diferentes personajes, pero al jugador nunca se le da libertad para ejercer estas actividades con creatividad y explorar otras formas de cumplir con los objetivos.

El progreso es totalmente lineal: el juego siempre te indica qué tarea debes realizar y cómo, y al final todo se siente como un tutorial que nunca acaba, en especial por las tediosas secuencias explicativas. Hay alguna que otra actividad extra, pero son tan breves que no suman nada significativo a la experiencia.

El progreso es totalmente lineal: el juego siempre te indica qué tarea debes realizar y cómo, y al final todo se siente como un tutorial que nunca acaba

Es difícil encasillar a Wattam en un género de características preestablecidas, pero lo más apropiado sería llamarlo un videojuego de puzles. Sin embargo, hablar de su audiencia es algo más complicado. Aunque no hay duda de que jugadores adultos pueden encontrar algo que les emocione, pareciera que Wattam está más dirigido a un público infantil. «Pareciera», porque lo cierto es que no queda del todo claro, aunque su propio creador afirmó en la presentación del juego que la idea de este le surgió cuando estaba jugando con su hijo de dos años y se preguntó «cómo sería si los juguetes viviesen y estuviesen conectados unos con otros».

Más que en el apartado visual, esto se hace evidente en otros aspectos, como el hecho de que todos los personajes cuentan con voces de niños y niñas y se comportan como tal, con expresiones sencillas y exageradas. También los conceptos básicos que maneja, como tomarse de la mano y dar vueltas para conseguir un objetivo. El juego además hace uso extenso de largas secuencias para dar explicaciones, ideal para los más jóvenes, pero que puede resultar frustrante y ralentiza el ritmo de la jugabilidad. Por otro lado, Wattam se apoya con regularidad en texto para explicar su historia y mecánicas, lo cual puede resultar restrictivo para menores. Estas contradicciones hacen difícil dar un juicio adecuado a un título que parece no ser para nadie, y al mismo tiempo para todos.

Una experiencia poco pulida

Wattam fue anunciado en el PlayStation Experience de 2014 como un título exclusivo de PlayStation 4. Desde entonces, ha cambiado de distribuidora, ha sufrido retrasos y ha pasado a salir también para PC (Epic Store). En total, el juego ha tardado cinco años en salir y desafortunadamente esa cantidad de tiempo se nota en el resultado final. Para empezar, el esquema de controles es un poco arcaico, en especial el uso de la cámara y selección de personajes. Este último puede ser particularmente frustrante: en más de una ocasión, el puntero de selección se posicionará primero en otros personajes antes de caer en el que realmente quieres. En los peores casos, saltará a alguno que esté a una distancia considerable, haciendo mucho más complicada una tarea que debería ser sencilla.

Wattam

Otro problema común es el movimiento. Los personajes pueden escalar superficies y amontonarse uno encima del otro. En la práctica, esta puede ser una mecánica divertida, pero en la ejecución es un estorbo constante. Moverte puede ser una tarea olímpica cuando debes atravesar un grupo, pues con regularidad personajes atraviesan tu camino y en vez de apartarse automáticamente, tu personaje trata de situarse encima de ellos.

Los controles incómodos se ven aún más perjudicados por el hecho de que Wattam sufre de serios problemas de rendimiento en PlayStation 4. Las cosas empiezan bien durante los primeros minutos, pero una vez que has conseguido a varios personajes, empiezan las caídas de frames que se mantienen hasta el final, lo que da como resultado una experiencia muy poco fluida.

Los problemas técnicos de Wattam sen consola son desafortunados porque hunden por completo una experiencia que al menos podría ser consistente y amena, incluso si no termina de desarrollar sus ideas por completo. Hay cualidades rescatables en este título, y el sello de autor siempre es bienvenido, especialmente de una mente tan creativa como la de Takahashi. La excentricidad de Wattam e ideas básicas que plantea son lo suficientemente interesantes como para darle a este título una breve mirada. Pero la realidad es que está lejos de ser un juego redondo.

Conclusión Wattam es un fantástico ejercicio en creatividad, pero es menos efectivo como un videojuego completo. Keita Takahashi ha creado una experiencia colorida pero también restrictiva, más parecida a una demo técnica.
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Aventura de unas tres horas de duración en la que puedes controlar a más de cien personajes

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Una mezcla entre puzle y acción con un progreso bastante lineal

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Controles incómodos e imprecisos, en especial para seleccionar personajes

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Problemas técnicos y de rendimiento en la versión de PS4

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Divertida estética, excéntrica y colorida, similar a la vista en la saga Katamari de Keita Takahashi

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Banda sonora original simpática y alegre