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Análisis 19 diciembre 2019 - 16:31 CET

Sayonara Wild Hearts

Una historia de desamores y aceptación, acompañada de música y neón

  • N
  • PS
  • XB
  • PC
Esteban Canle
  • Desarrollador: Simogo
  • Editor: Annapurna Interactive
  • Lanzamiento: 19 septiembre 2019

El amor es un sentimiento universal, aunque cada cultura y cada individuo lo entiende de formas muy distintas. Lo mismo ocurre con el desamor y la manera  de enfrentarnos a ese momento en el que el amor se acaba. Cuando una relación sale mal y llega a su final puede provocar sentimientos negativos que nos lleven a perdernos dentro de nosotros mismos. En este sentido, Sayonara Wild Hearts resulta interesante porque hace un recorrido por esa desazón que nos inunda cuando alguien importante se ha ido de nuestra vida y por los saltos emocionales que vamos dando en el proceso de curación.

No estamos hablando sólo de la sensación de pérdida que acompaña a la separación, sino de ese baile de emociones que nos lleva a un aprendizaje que surge del dolor y que nos encamina hacia la madurez emocional. El mensaje del título de Simogo es que podemos reponernos y que el primer paso para la curación es aprender a aceptarnos a nosotros mismos. Sayonara Wild Hearts es capaz de trasladar al videojuego todo ese vaivén de emociones por el que se pasa cuando el amor termina: tristeza, furia, ira, rabia, depresión, melancolía. Se trata de un juego capaz de sumarse, narrativamente, a un sentimiento tan universal como lo es el hecho de haberse enamorado y haber sufrido por ello.

Un mundo de neón y música electrónica

Este es, fundamentalmente, un juego de ritmo a modo de endless runner sobre raíles cuyo objetivo no es escapar, sino correr hacia nuestros miedos, enfrentarnos a aquello que nos ha hecho daño para poder superarlo y seguir con nuestra vida. Aprender a perdonar en un último acto de ternura desmedida y dar un giro a esos sentimientos negativos.

Todo empieza con una secuencia en la que vemos cómo el corazón de la protagonista se ha roto. Ahora toca recomponerlo con la ayuda de los arcanos del tarot. Para ello vamos a tener que ir recolectando corazones por distintos escenarios al ritmo de una serie de canciones que nos harán vibrar, emocionarnos, reír, llorar y disfrutar en ese viaje en busca de aquello perdido. Sayonara Wild Hearts recoge varias de las típicas mecánicas jugables y las traslada a su mundo de neón. Esquivar obstáculos, movernos buscando un camino por donde seguir, reaccionar a un evento pulsando la tecla en el momento adecuado, defenderse de ataques son algunas de las mecánicas que nos iremos encontrando a medida que avanzamos en cada una de las canciones. Sabe deconstruir piezas claves del diseño de los juegos de ritmo y fusionarlas con estructuras habituales de otros géneros como los bullet hell, shooters o arcades más clásicos.

Sayonara Wild Hearts 1
Sayonara Wild Hearts 2
Sayonara Wild Hearts 3
Sayonara Wild Hearts 4
Sayonara Wild Hearts 5

El juego es una carrera permanente, en la que siempre avanzamos hacia delante, en la que tan pronto volamos sobre abismos de fuego como aparecemos en una moto en una carretera infinita o acabamos por entrar a túneles en los que podemos dar vueltas de 360 grados. Todo ello acompañado de estética pop de colores vivos, llamativos, estridentes, brillantes y con un uso de la luz marcadamente queer. Un mundo de neón abrazado por una banda sonora que mezcla el pop y la electrónica, dando como resultado una especie de disco conceptual al que se le suma una faceta jugable. A lo largo de la aventura, el cómo nos movemos, los obstáculos que vamos a tener que superar y las peleas que nos vamos encontrando tendrán un ritmo concreto que viene marcado por la canción que esté sonando en ese escenario.

Un ejemplo de lo anterior son las peleas contra los jefes de fase, en las que tendremos que seguir la percusión de la canción y pulsar el botón siguiendo ese ritmo si queremos alcanzar la máxima puntuación o esquivar los proyectiles y los distintos obstáculos, impedimentos que si no evitamos según nos marca el ritmo de la canción acabarán por frustrar nuestro avance. Porque si, Sayonara Wild Hearts tiene jefes al final de algunas fases, aunque no de todas ellas. Cada uno de ellos hará que desbloqueemos uno de los símbolos del tarot necesarios para completar la historia y llegar al final del juego.

Endless runner sobre raíles cuyo objetivo no es escapar, sino correr hacia nuestros miedos, enfrentarnos a aquello que nos ha hecho daño para poder superarlo y seguir con nuestra vida

Una experiencia sensorial y emocional

Sayonara Wild Hearts nos ofrece una primera partida en la que todo fluye, que nos lleva de la mano y en la que el fallo es amable, se percibe como algo propio y no algo que venga de un mal diseño. Además, ofrece la posibilidad de saltarse escenas que nos resulten especialmente frustrantes y en las que no seamos capaces de coger el ritmo adecuado para superar un obstáculo determinado. El juego cuenta también con un sistema de puntuación para que, una vez acabamos este primer viaje, podamos ir visitando cada uno de sus niveles y superarnos a nosotros mismos hasta alcanzar la puntuación máxima. Hasta obtener un Wild Heart en cada canción, el máximo rango que podremos alcanzar.

Musicalmente se nos brinda una fusión de estilos que van del pop de principio del siglo XX a la electrónica indie de los 00s. A largo de las diferentes canciones iremos avanzando en cada uno de los escenarios montados en distintos vehículos, empezaremos montados en un monopatín, para ir después superando obstáculos y niveles en moto, coche, subidos en un ciervo o incluso volando. Cada forma de desplazamiento tiene un momento e intención concreta y se irán intercalando según el juego vaya queriendo. Por ejemplo, en una de las canciones vamos por un bosque y nuestro medio de transporte va alternando entre la moto y un ciervo.

Sayonara Wild Hearts

Todo ello resulta en una propuesta que sin ser innovadora, si ofrece los suficientes elementos jugables y el desafío suficiente como para disfrutar de hora y media que dura en su primera partida. Y es que Sayonara Wild Hearts invita a volver. Por un lado, su sistema de puntuación y el reto de superarnos a nosotros mismos piden que regresemos una y otra vez para exprimir al máximo cada canción; y, por otro lado, es un juego que tiene la capacidad de hacer que sigamos queriendo jugar igual que ponemos en bucle ese disco que nos ha encantado.

Conclusión Sayonara Wild Hearts es un mapa de lo emocional con giros abruptos, cambios de ritmo, ascensos y descensos pero que mantiene una cohesión interna notable al mismo tiempo que se amolda a cada uno de los sentimientos y sensaciones que el juego pretende explorar. Todos sus elementos dan forma a un torrente de sensaciones, una sinestesia, un trance en el que fluimos y nos dejamos llevar en un viaje de música y neón. Una fusión en la que cada pieza encaja para ofrecernos un mundo que apela a una forma distinta de hacer videojuegos, a una amabilidad e inclusividad que no puede venir de otro sitio que no sea la ternura y la aceptación de uno mismo y del prójimo.
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Juego de ritmo de menos de dos horas de duración con posibilidad de volver a jugar para batir nuestras puntuaciones

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Jugabilidad de endless runner sobre raíles que mezcla elementos de bullet hell, shooter y arcade

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Apartado artístico colorido acorde a la música y jugabilidad

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Accesible para todo el mundo; permite evitar zonas que resulten complicadas

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Banda sonora que mezcla pop y música electrónica con algunos elementos indie y algo de música clásica

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Vaivén de emociones que se ajusta un mensaje tierno e inclusivo de aceptación y perdón