Contribuye
eyecatch image
Análisis 30 diciembre 2019 - 14:00 CET

Luigi’s Mansion 3

El fontanero de verde regresa para la entrega más ambiciosa de su saga individual en donde la presentación visual toma protagonismo

  • N
Fabio Díaz
  • Desarrollador: Next Level Games
  • Editor: Nintendo
  • Lanzamiento: 31 octubre 2019

En Luigi’s Mansion 3, Luigi finalmente se ha emancipado.

No ha sido un proceso corto… o simple. Cuando el primer Luigi’s Mansion apareció en 2001, era la primera vez que veíamos al fontanero de verde protagonizar su propio título en una consola de Nintendo, y por todo lo alto —Mario Is Missing! (1993) lo hizo primero, pero en un contexto diferente—. Mucho tiempo después, Nintendo decidió que 2013 sería «El año de Luigi», un complot de mercadeo para impulsar, entre otras cosas, la secuela Luigi’s Mansion: Dark Moon (2013) para 3DS. Un divertido meme pronto tomaría internet por sorpresa también y realzaría la popularidad del personaje.

Estas y más apariciones le han otorgado a Luigi más personalidad a lo largo de los años. A diferencia de su hermano mayor, que es el arquetipo del clásico héroe valiente y poco más, Luigi tiene rasgos mucho más definidos: es tímido, inseguro y mucho, pero mucho más nervioso. Entonces, ¿por qué insiste Nintendo en darle su propia saga donde debe enfrentar fantasmas una y otra vez? Pues tal vez precisamente porque no hay nada más empatizable que ver a alguien superar sus más terribles miedos (por tercera vez, al menos). O tal vez por el simple de que es mucho más hilarante y encantador de ver. Eso también.

Sea como sea, lo cierto es que Luigi’s Mansion 3 trae más de lo mismo que hemos visto con sus dos antecesores, pero hay una diferencia crucial. El primer juego comenzó su desarrollo como una demo tecnológica para mostrar las capacidades gráficas de la GameCube, y esos orígenes fueron visibles en su versión final ; particularmente en elementos como su corta duración (el juego puede finalizarse en unas seis horas). Y aunque Dark Moon es un título más robusto, las limitaciones gráficas no le permitieron brillar. En comparación, Luigi’s Mansion 3 es la primera vez en la que Luigi protagoniza lo más parecido a un verdadero título Triple A, un terreno común para su hermano de rojo. Se trata de la culminación de una idea que vio luz hace 18 años, esta vez ejecutada con una escala mucho más ambiciosa. El resultado es una jugabilidad familiar con pocas ideas nuevas, pero rodeada de un espectáculo visual en uno de los títulos más vistosos de Nintendo Switch.

La locación perfecta

La trama de Luigi’s Mansion 3 es lo estándar: Luigi, Mario, Peach y un trío de Toads han sido invitados con honores para una estadía en el lujoso Hotel Gritz , pero no pasa mucho tiempo para que las cosas comiencen a ir mal. El hotel resulta ser una trampa: un recinto tenebroso infestado de todo tipo de fantasmas. Mario y los demás son capturados, y queda en manos de Luigi rescatarlos con ayuda del Doctor Fesol y la GO-1000, la nueva versión de la aspiradora succionadora de fantasmas que ayudó al fontanero en aventuras pasadas. ¿El objetivo? Capturar a los fantasmas que habitan cada uno de los  quince pisos del hotel (más un lobby y dos sótanos) para así conseguir los botones perdidos del ascensor y alcanzar el último nivel.

Desafortunadamente para Luigi, en este hotel no hay escaleras. Pero afortunadamente para el jugador, es la oportunidad perfecta para explorar cada uno de los niveles que el edificio ofrece. Y es que no hay dos pisos iguales en este lugar: además de algunos más convencionales como las habitaciones, cada piso posee una temática diferente que le da una variedad de escenarios excepcional al juego. Hay un piso de compras y otro que funciona como un gimnasio, pero también otros más excéntricos como un nivel inspirado en el antiguo Egipto y otro en aventuras de piratas. En uno de los mejores momentos del juego, Luigi debe recrear escenas de películas en el piso que funciona como estudio de filmación. Excentricidad hay de sobra, y es una decisión brillante que toma el clásico elemento del «hotel embrujado» y le da su propio giro colorido para inyectar una dosis muy necesitada de variedad a una locación que corría el riesgo de ser tan monótona como la primera mansión en la que se aventuró Luigi.

(Luigi’s Mansion 3) Se trata de la culminación de una idea que vio luz hace 18 años, esta vez ejecutada con una escala mucho más ambiciosa. El resultado es una jugabilidad familiar con pocas ideas nuevas, pero rodeada de un espectáculo visual en uno de los títulos más vistosos de la Nintendo Switch

«Colorido» en particular es un buen adjetivo para Luigi’s Mansion 3, que está lejos de evocar cualquier emoción similar al terror. Es, en cambio, una aventura llena de comedia y momentos ligeros donde el único realmente aterrado es su pobre protagonista. Y es que Luigi nunca antes había sido tan expresivo y comunicativo como en esta entrega. Hasta las más insignificantes animaciones pueden tener detalles impresionantes, como la forma en la que acelera el paso, sus pies siempre por delante de su torso; o la sincronización entre labios y palabras. El resto del elenco también brilla: Mario cuenta con pocos minutos en pantalla, pero le bastan para mostrarse igual de expresivo que su hermano. Incluso los Toads, en las breves secciones en las que acompañan a Luigi, pueden ser motivo de carcajadas.

Esa expresividad es una característica presente en los enemigos también. Vienen en diferentes colores, tamaños e incluso comportamientos. Por ejemplo, los fantasmas normales suelen ser burlones, y también visten prendas dependiendo del nivel en el que se encuentren (gafas de sol o ropa estilo hip hop en la discoteca, por ejemplo). Otros, como los fantasmas rojos más fuertes y grandes, tienen complejo de fisicoculturista. Algunos fantasmas más cobardes incluso pueden huir de Luigi con tan solo verlo. Los jefes, que van desde el cocinero del hotel, pasando por el pianista o entrenador del gimnasio, ofrecen encuentros únicos que funcionan individualmente como una mezcla entre combate y puzle. Aunque algunos son más memorables que otros, ninguno se siente plano.

Todo es un deleite de experimentar, y le da al título una calidad que no es ajena a lo que solemos ver en filmes animados de alto calibre. Se trata, en otras palabras, de un espectáculo propio de un blockbuster hollywoodense. Una explosión de personalidad y encanto como pocas en el catálogo propio de Nintendo. Es un nuevo estándar visual sin precedentes no solo para la serie, sino también para los títulos del elenco estrella de la compañía.

Luigi's Mansion 3

Multijugador: la adición insospechada

Si no está roto, no lo repares. Esa parece ser la premisa de la que Next Level Games partió cuando tomó riendas de la serie con Dark Moon, y se ha repetido en esta ocasión. Tanto el segundo juego de la serie como el tercero comparten una experiencia de jugabilidad casi idénticas al primer título. En este caso, se han añadido un par de acciones más al moveset de Luigi (excepto la opción de invertir los controles de puntería, una omisión frustrante y francamente inexcusable), pero ninguna tan relevante como la inclusión de Gomiluigi (o Gooigi en la versión en inglés). Gomiluigi es, en esencia, un clon líquido de Luigi que puede hacer todo lo mismo que el original, además de atravesar rejas o incluso tuberías para llegar a lugares que serían inaccesibles de otra forma.

Gomiluigi también es indispensable para varios puzles y alguno que otro jefe, pero lo cierto es que nunca termina de encajar del todo en la experiencia de un único jugador. La mecánica brilla mucho más en el modo cooperativo: otro jugador puede tomar el control de Gomiluigi, y el resultado es un videojuego mucho más coherente y divertido. Todos los niveles son disfrutables en cualquiera de las dos formas, pero es cierto que sin otra persona presente, Gomiluigi puede sentirse más como un gimmick que una auténtica mecánica que aporte algo significativo.

Siguiendo la línea de multijugador, Luigi’s Mansion 3 incluye dos modos adicionales (ambos pautados para recibir más contenido en el futuro): uno dedicado a minijuegos en multijugador local y la Torre de los Desafíos, que es un modo cooperativo online donde varios jugadores unen fuerzas para cumplir metas y subir un número determinado de pisos en un límite de tiempo.

Luigi's Mansion 3

Los minijuegos son, tal vez sorpresivamente, divertidísimos. Recuerdan mucho a los que podrían estar presente en un Mario Party, y aunque simples, son opciones efectivas para aquellos que busquen una opción de multijugador local. La Torre de los Desafíos es un poco más inconsistente: en papel, es una idea fantástica, y hay destellos de lo que podría ser, pero la dificultad es un problema. Existe la opción de jugar solo o con otros, pero en solitario subir tan solo un piso parece una tarea casi imposible. Incluso en numerosos equipos con miembros diligentemente haciendo sus tareas, el avance no está garantizado en los primeros niveles, y muchas veces pareciera que la victoria depende en gran parte del mapa que te haya tocado (son generados aleatoriamente). Es decir, suerte. Hay razones para disfrutar en este modo, pero puede ser una experiencia frustrante la mitad del tiempo.

En cualquier caso, ambos modos son complementos, ninguno tan memorable como el modo historia y sus escenarios, que cuentan con infinidad de detalles y objetos que les dan vida. Alfombras, cortinas, muebles, y una cantidad de utensilios imposibles de enumerar. Como es común en la serie, se puede interactuar con todos ellos (principalmente, aspirándolos para buscar dinero). En esta ocasión, hasta el más pequeño cachivache es manipulable, y la mecánica ocupa la mayor parte del tiempo fuera de los combates. De ella surgen la mayoría de los puzles y secretos que esconde el juego: por ejemplo, notar que la alfombra de un cuarto puede recogerse soplándole para descubrir algún tesoro, o encontrar debajo una alcantarilla por la que Gomiluigi puede acceder a otra habitación. Y aunque puede que la idea de pasar minutos y minutos aspirando no suene tan atractiva, hay algo extrañamente satisfactorio en aspirar todos los objetos de una habitación hasta dejarla limpia. Eso, y el ocasional fantasma, claro.

Conclusión Lo poco que Luigi’s Mansion 3 ofrece en ideas disruptivas para la jugabilidad lo compensa con creces en presentación y refinamiento. El Hotel Gritz es el escenario perfecto para un título que desborda personalidad, y cada uno de los pisos es tan protagonista como las visuales que les acompañan. El primer auténtico bombazo de Luigi.
chevron_right

Un hotel con quince pisos a recorrer; alrededor de catorce horas de juego solo en la historia principal

chevron_right

Locaciones detalladas y muy variadas

chevron_right

Uno de los títulos más vistosos de Nintendo Switch

chevron_right

Jugabilidad familiar que brilla en cooperativo

chevron_right

Un modo de minijuegos en multijugador local (muy divertido) y otro modo cooperativo online, la Torre de los Desafíos (con potencial pero dificultad inconsistente)